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La lucha contra el fraude, en la agenda empresarial

Daniel Donadels, Director de Operaciones y Servicios de Liberty Seguros fue convocado en la nota para hablar de la política antifraude de la compañía.

Medio: La Nación

Fecha: 03/09/2012

Sección: Economía

Tipo de Publicación: Participación de miembros de la compañía

Preocupación: Se incrementa la demanda de consultoría para evitar las estafas; el sector financiero es el más afectado

Estafas, engaños y defraudaciones están ganando lugar en lista de preocupaciones de las empresas. No sólo a partir del incremento concreto de los fraudes ha aumentado la demanda a consultoras especializadas en su gestión -para investigar los casos-, sino que crece la sensación de estar expuestas a los delitos.
Las brechas de seguridad afectan la imagen de la empresa y también sus arcas, ya que llegan a perder hasta el 5% de sus ingresos anuales por conductas irregulares. La mitad de lo perdido no se recupera según la Asociación de Examinadores de Fraude Certificados (ACFE por sus siglas en inglés), una entidad global.
En la firma global de riesgo Kroll y la consultora KPMG coincidieron que el fraude aumenta. Según esta última en la Argentina, 41% de las empresas dice que fue víctima de algún tipo de fraude en el último año. Muchas más -66%- creen que podría ser objetivo en cualquier momento.
El actual escenario es particularmente sensible a la estafas, ya que muchas se multiplican cuando las empresas buscan recortar costos. "Quieren reducir tiempos de procesos o conjugar actividades, lo que genera segregación de funciones y cambios en las unidades de negocios y eso, a su vez, hace que se generen brechas en los controles habituales", explica Ana López Espinar, socia de la práctica Forensic Services de KPMG.
Cambios en sistemas informáticos, reestructuraciones, fusiones y centralización y descentralización de funciones son escenarios que propician el delito. Además, más que nunca, las organizaciones se miran de reojo: ocho de cada diez dicen que las otras firmas son capaces de hacer la vista gorda a cuestiones éticas con tal de lograr sus objetivos.
López Espinar dice que "en crisis hay gente que siente que necesita cubrirse" y los componentes necesarios para el fraude se profundizan. Hay más motivaciones personales, más oportunidades debido a la debilidad de controles internos y se racionaliza más fácilmente la necesidad lo que dilata la tolerancia de las personas al fraude.
Las empresas más expuestas son las del sector financiero. Según ACFE, 17% de casos reportados se da en esa industria. Le siguen recién con 10% las firmas de manufactura y relacionadas con gobierno y administración.
Entre los delitos más comunes en este sector se cuentan la falsificación de documentación, usurpación de identidad, falsificación de cheques, clonación de tarjetas, phishing (delitos mediante la adquisición cibernética fraudulenta de información confidencial), robo de cajas de seguridad, robos cometidos por empleados.
El fraude interno es un timo generalizado y de mayor crecimiento. Según Kroll, 60% de los fraudes en los cuales se conoce al autor son cometidos por gerentes senior, empleados junior, agentes o intermediarios, lo que implica un aumento de cinco puntos respecto del año pasado. "El involucramiento de altos mandos implica un daño mayor. Los montos en cuestión son más grandes y las maniobras fraudulentas, más sofisticadas", dice Matías Nahón, country manager de Kroll.
Entre los ardides más complejos se cuentan la creación de proveedores fantasma armados atrás de sociedades radicadas en algún paraíso fiscal. "También vemos situaciones de connivencia entre empresas multinacionales y estados", agrega Nahón.
Para detectar problemas, hace cuatro años la aseguradora Liberty creó una unidad antifraude, pero también, según Daniel Donadels, director de Operaciones y Servicios de la firma, cuentan con "el olfato del liquidador. "Uno de los mecanismos más efectivos e importantes es hacer la denuncia penal cuando se comprueba fehacientemente una estafa o su tentativa porque es la única manera de poder controlar y detener a un defraudador", señala.
Aunque cada vez más empresas financieras crean unidades antifraude, localmente la actitud es más reactiva que proactiva. Aún así, desenmascarar delitos es posible, ya que un esquema de fraude opera en promedio 18 meses antes de ser descubierto. La gestión de los engaños incluye acciones de prevención, detección y respuesta.
López Espinar sugiere habilitar una línea de denuncia confidencial y de administración tercerizada para garantizar su transparencia. El protocolo posdenuncia también debe comprender una metodología de investigación y cuidado, para no dañar las evidencias, y consecuencias visibles para que los informantes se sientan avalados.

 

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